Publicado 19 de febrero de 2026 en Prácticas Agrícolas por VeryAgro

¿Quieres conseguir unos rendimientos óptimos y una calidad óptima con tus plantas y cultivos? Diagnosticar y controlar las deficiencias nutricionales es un primer paso crucial. Pero no siempre es una tarea fácil.
En este artículo, hablaremos de un método fiable para diagnosticar las deficiencias nutricionales, utilizando una combinación de evaluación de los síntomas visuales, análisis foliares y agua.
Una de las formas más sencillas de diagnosticar las deficiencias nutricionales en las plantas es buscar síntomas visuales. Suelen caracterizarse por un crecimiento atrofiado, decoloración, distorsión de las hojas y otras anomalías de la planta. En algunos casos, también puede observarse un desarrollo deficiente de los frutos o un retraso en la floración.
Deficiencias de nutrientes como el nitrógeno, el potasio y el fósforo pueden manifestarse como amarilleamiento de las hojas o quemaduras en los extremos. La deficiencia de magnesio puede manifestarse como clorosis internervial (amarilleamiento entre las venas), mientras que la deficiencia de hierro puede hacer que los nuevos brotes se vuelvan cloróticos y blanquecinos/amarillentos. La deficiencia de boro puede hacer que las hojas se moteen de amarillo y la deficiencia de cobre puede hacer que los tallos se debiliten y se biserien (agrupados o emparejados).
Además del análisis de los síntomas visuales, el análisis foliar (también conocido como análisis del tejido de las hojas) puede ser una herramienta valiosa para diagnosticar los problemas nutricionales. Consiste en tomar una muestra de las hojas de la planta, enviarla a un laboratorio para que la analicen e interpretar los resultados.
El análisis proporcionará un informe sobre el contenido en nutrientes del tejido foliar, identificando si algún nutriente es deficiente, adecuado o excesivo. Esto puede ayudar a determinar no sólo qué nutrientes faltan, sino también la gravedad de la deficiencia. En muchos casos, el análisis foliar puede detectar un problema antes de que aparezcan signos visibles de deficiencia.
Por último, el análisis del agua es una herramienta útil para diagnosticar y controlar los problemas de nutrientes en plantas y cultivos. El agua de riego suele contener niveles elevados de sales y otras sustancias químicas, que pueden provocar desequilibrios o carencias de nutrientes en las plantas.
Un análisis del agua medirá las concentraciones de varios nutrientes en el agua, así como los niveles de toxicidad. Esto puede ayudar a determinar si la fuente de agua contribuye o no al problema e identificar las posibles enmiendas de nutrientes que puedan ser necesarias para equilibrar los niveles.
Combinando los síntomas visuales, el análisis foliar y el análisis del agua, se puede lograr un enfoque integrado para diagnosticar y tratar las deficiencias de nutrientes. Una vez identificada la causa, se puede administrar un complemento nutricional y/o cambiar la fuente de agua para corregir el problema.
Es importante tener en cuenta que las carencias individuales de nutrientes pueden tener síntomas visuales similares, por lo que se recomienda realizar también análisis foliares y de agua para obtener un diagnóstico más preciso. Además, una vigilancia frecuente y análisis periódicos de los nutrientes pueden ayudar a prevenir y tratar los problemas relacionados con la nutrición de las plantas y los cultivos.
En conclusión, diagnosticar las carencias nutricionales de las plantas y los cultivos es un primer paso importante para lograr unos rendimientos y una calidad óptimos. La evaluación de los síntomas visuales, el análisis foliar y el análisis del agua pueden combinarse para proporcionar un diagnóstico más completo y preciso. Esto permite un enfoque integrado del tratamiento de las deficiencias de nutrientes, dando lugar a plantas y cultivos más sanos y productivos.